Algiz

La señora K. sostuvo mis manos con las palmas hacia arriba, y por primera vez tomé conciencia de su deplorable estado: aunque vigorosas, mostraban una aspereza resquebrajada por el frío, el hierro y la piedra; callos jaspeados y orogénicos que habrían escandalizado al marinero más curtido. Entonces sentí vergüenza y de forma inconsciente traté de apartarlas, pero la bruja me las sostuvo con firmeza:

— Ver el futuro es muy fácil; no tienes más que dar un paseo por el cementerio —dijo observándome con unos ojos grises que parecían escudriñar la niebla—; lo difícil de verdad es saber mirar al presente a los ojos.

— ¿Y tú qué ves entonces?

— Veo lo contrario del amor.

— ¿Odio?

— El odio sigue siendo una forma de amor, quizás envilecido, pero no es en absoluto su contrario. En cualquier caso no veo ningún odio en ti, hijo mío…

— Entonces será “indiferencia” lo que ves. Alguien me dijo que lo contrario del amor es la indiferencia.

La señora K. se convulsionó con una risa que agitó los rulos rosas de su cabeza, y que finalmente se transmutó en una tos seca.

— ¿Quién te ha dicho esa tontería? —carraspeó—. La indiferencia podría ser la ausencia de amor, o incluso puede llegar a ser el punto y final. ¡Pero su contrario, jamás!

— Bueno, ¿entonces qué es?

La bruja fijó la vista en mi Algiz, la runa protectora que pendía sobre mi corazón.

— Lo contrario del amor —dijo en voz baja— …es el miedo.

 

2 Replies to “Algiz”

  1. Una cosa es segura y, a veces, indicado para darse cuenta del poco valor real, que tienen cosas que nos quitan el sueño y mantienen en vilo… no es otra que dar un paseo por un cementerio.
    Por otro lado y de todo corazón: para mí, el amor no tiene contrario.
    Abrazos

  2. Yo tampoco estoy de acuerdo con la Señora K.; pero deberías conocerla, no es fácil contradecirla. En cuanto a los cementerios, no hay nada como pasear en ellos.

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